Fútbol en estado puro. Y me lo perdí. Por razones que ahora no vienen al caso pero que podrán atender en un próximo reportaje en estas páginas, no pude acudir a presenciar el choque del domingo a Anoeta. Los parabienes han sido innumerables. Y el acopio de imágenes, resúmenes y artículos para la lectura realizado durante estos días no me dejan otra alternativa sino alinearme con los que dicen que ha sido uno de los mejores partidos de los últimos tiempos. Porca miseria. La ley de Murphy. Habrá que relativizar. Si bien todos confiábamos en un triunfo ante un rival directo, lo cierto es que tal y como se puso el partido, cuesta arriba, con dos goles en contra, el punto cosechado sabe a gloria y, es más, puede que incluso nos acordemos de él a final de temporada.
La Real está en un momento en el que se ve capaz de cualquier cosa. Hasta de convertirse en el primer equipo en ganar en Liga al Atlético en el Calderón. Otrora, nuestro equipo hubiera claudicado con el 0-2, se hubiera venido abajo, hubiera agachado la cabeza, y se hubiera desvanecido del campo al grito interno de ‘tierra trágame’. La actual Real no. Espoleado por una afición ilusionada como hace tiempo no lo estaba, el equipo reaccionó, miro de frente al contrario, tuve fe en la remontada, y a punto estuvo de certificarla. Así logrará que muchos le retiren la mirada, avergonzados. Pepe Mel dijo que hubieran merecido ganar los dos. Ciertamente, por méritos y ocasiones, ambos pudieron hacerlo, pero sí que me queda un regusto, muy al final del todo, ya que el gol anulado a Griezmann por fuera de juego inexistente está guardado en la retina de todos y será difícil de olvidar. Una verdadera lástima. Menudo zurdazo. Y con dos puntos más dónde estaríamos… Mejor centrarse en lo que está a la vuelta de la esquina.
Y lo que nos encontramos es el encuentro ante el segundo clasificado, el Atlético de un recién renovado Simeone al que podríamos regalar por ello su primera derrota. Ya dijo en su día Denoueix, en la temporada del subcampeonato, cuando la Real aún no sabía lo que era caer en un partido, que cuanto más tiempo pasaba más cerca estaba la derrota. Al Atlético le tiene que pasar lo mismo. No puede vivir en una eterna armonía en su campo. Un campo odiado, de nefasto recuerdo. Y es que, por mucho que pasen los años la presencia de Aitor Zabaleta, vilmente asesinado en 1998 a las puertas del Calderón por un fanático, siempre estará presente. Nunca está de más tratar de dedicarle un triunfo en ese maldito terreno en el que los extremistas campan a sus anchas y cuyos responsables hacen oídos sordos a los constantes insultos, que deberían ser considerados como delito, cada vez que la Real lo visita. De igual manera que con el racismo, el fascismo debería erradicarse del deporte. Y, en este sentido, desde luego, apoyaría una detención del partido por parte de los jugadores txuri urdin si se comienzan a escuchar cánticos hirientes y sangrantes como los habituales, tal y como proponían algunos aficionados en las redes sociales. Creo, sin embargo, que por desgracia, es una guerra perdida. Así va el país. Por eso, el mejor homenaje para Aitor serían los tres puntos y enmudecer Manzanares. Lo celebraríamos por todo lo alto.
Ya se habla del futuro
En el entorno ya se empieza a hablar de futuro. No deja de ser lógico, ya que, ciertamente, tampoco queda mucho para el final de temporada y hay cuestiones de importancia capital que resolver en los despachos, algo en lo que ya está trabajando el Consejo, como la continuidad de Montanier. El aficionado de a pie comienza a temer por un posible retorno de Vela al Arsenal tras su excepcional rendimiento, o por las posibles ofertas mareantes que podrían recibir, si no lo han hecho ya, los Griezmann, Illarramendi, Iñigo Martínez y compañía. Habrá que esperar. El trabajo está avanzado y se marcha alguien será pasando por caja. Y de qué manera.


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