miércoles, 13 de marzo de 2013

MI GRAN HISTORIA DE AMOR


Nada más bonito y excitante que una gran historia de amor: Amores reales, de literatura, de cuentos, imposibles pero grandes amores al fin y al cabo: Romeo y Julieta, Cleopatra y Marco Antonio, Diego Marcilla e Isabel de Segura (Los amantes de Teruel), Rainiero de Mónaco y Grace Kelly, John Lennon y Yoko Ono, Elizabeth Taylor y Richard Burton y un largo etc. Un gran número de amores intensos y a veces truncados por diferentes razones. Hay muchas historias que nos llegan hasta lo más profundo del corazón, unas con un final feliz y otras que aún no tienen su desenlace, pues todavía las están viviendo… historias en las cuales se hace todo por mantener el amor que sienten por la persona que aman y con la cual quieren compartir el resto de sus días, e incluso hasta dan la vida por ellos, o se hacen a un lado con tal de que la persona que aman sea feliz.

El amor puede surgir en el lugar menos esperado: en un laboratorio científico, en un teatro, en el asalto a un banco o en una sala de gimnasia... Grandes historias de amor hay muchas: amores sagrados, amores profanos, amores prohibidos, amores tempestuosos, intensos, eternos, inolvidables. Hay quien cree que determinadas historias bonitas sólo pasan en las películas y en las novelas rosas, pero a veces también suceden de verdad. Y lo que yo vengo a contaros es mi gran historia de amor, una historia que sé que será eterna y nunca acabará porque así lo he decidido.

Mi historia de amor surgió cuando todavía no había nacido, era un feto de pocas semanas y mis padres ya habían decidido emparejarme para siempre. Para que fuera conociendo a la que sería mi pareja de por vida, me llevaban a visitarle cada quince días. Hé de decir que esos primeros años apenas me fijaba en él, y me preocupaba más por subir y bajar las escaleras mientras degustaba mi chupete. Él intentaba llamar mi atención una y otra vez jugando con el balón en un campo embarrado, pero yo iba a lo mío.

Mis visitas para confraternizar con mi pareja de por vida se iban sucediendo y poco a poco me fue atrayendo y comenzaba a mostrar un interés fuera de lo común.

Recuerdo perfectamente aquellos domingos en los que el aitona, mis padres y yo montábamos en el coche para ir a Atotxa, mientras aspirábamos el humo del Farias o Montecristo, según el festivo que celebráramos. Aparcar el coche, y mientras los adultos se tomaban la cerveza en la vieja barra del campo, yo me escapaba a aquella pequeña ventana donde una abuelita vendía caramelos, pipas y demás golosinas que disfrutar durante el partido. Aquella ventanita también se convertía en lugar de encuentro con mi mejor amiga María, compañera del equipo de balonmano y otra loca que disputaba pareja realista conmigo. Las dos nos dedicábamos a intentar organizar partidos de fútbol en el recreo del colegio, pero no había forma, las chicas jugaban a la comba, a la goma y como mucho al balonmano, pero al fútbol.... éramos unas ´frikis´.

Nuestros planes eran ir a ver los partidos de los chicos y a Atotxa. Y un día ella se fue para siempre en un fatídico accidente de coche con 15 años y me dejó sola, sin nadie con quien compartir nuestras locuras futbolísticas. Dejé de jugar al balonmano pero nunca de ir al fútbol. Durante muchos domingos seguí yendo a la ventanita con la esperanza de encontrarme con ella, pero por supuesto nunca más apareció, aunque sigue acompañándome en el día a día.

Todas las semanas compraba el Don Balón para estar al día de la liga española y sobre todo para ver si salía alguna foto de cualquiera de mis chicos. Fotos que empapelaban mi habitación, mi carpeta y mis libros del colegio. Tengo tres hermanos, pero era mi habitación la que mostraba un claro matiz futbolístico, para pena de mi madre, que me la había decorado con un papel rosa precioso.

Y justo en esa época de la tontería, de los ´pájaros´, de cuando los chicos nos empiezan a hacer ´tilín´, a la Real se le ocurrió hacer un campeonato impresionante batiendo un récord que aún conservamos; temporada a la que siguieron dos campeonatos de Liga. Y mis ojos y mi corazón se centraron en ellos: los chicos existían sólo para jugar al fútbol, sólo tenía ojos para ellos y ahí les juré amor eterno. Estaba enamorada de todos ellos, pero me ´pirraba´ el gran López Ufarte.

En vísperas del partido de Gijón, mi aitona Joxe, la persona que más me ha inculcado el amor a la Real, me invitó a ir al partido. Juré y perjuré que no tenía nada importante en el cole el lunes siguiente; le podían dar tila a la mierda de examen de ´Geo´ del lunes, me iba a perder yo el campeonato por una puñetera geografía (examen que por supuesto suspendí). No sólo fui a Gijón, el regalo era completo. Compartí avión y hotel -La Reconquista- con los jugadores. De hecho fui sentada al lado del gran Periko Alonso. El ambiente en el vuelo de ida era impresionante, estábamos seguros de que el campeonato era nuestro. Esa temporada viajé mucho con la Real por toda España y nunca perdió un partido a los que asistí. Cuando el gran Ormaetxea me vio en el aeropuerto de Foronda me dijo: "Viene nuestra mascota, esta liga es nuestra".

Puedo decir con gran orgullo que fue el día más feliz de mi vida. Recuerdo cada minuto de aquel día, lo que comí, la bufanda que me compró el aitona (que aún conservo), lo que lloré con el gol de Zamora, la vuelta en el avión, el recibimiento que me hicieron en el cole....

He hecho muchas tonterías por ver un partido de la Real: levantarme de la cama con 39º de fiebre para ir a Atotxa aún con el enfado de mis padres; venir desde Vitoria en tiempos de universidad a ver un partido de copa contra el Madrid televisado, bajo amenaza de muerte de mi madre... por cierto después del partido compartí un café con Martín Vázquez y el ´Buitre´ en la vieja estación del tren; levantarme en un banquete de celebración de una primera comunión de mi sobrina para ir a Anoeta; cambiar horarios de reuniones por no perderme un partido y etc, etc...

Recuerdo que cuando era una chavala e iba a Zarauz con mis amigos cuando la Real jugaba fuera a las siete menos cuarto, siempre ibamos al bar Kulixka, porque allí en una pizarra de esas de tiza ponían los resultados del día. Si la Real perdía, mis padres sabían que yo cogía el autobús de las siete, llegaba a casa y me metía a la cama. He crecido con ellos, acabé el BUP y el COU. Todavía recuerdo cómo en COU en Larramendi siendo solo dos chicas en clase, los chicos siempre me preguntaban a mí los lunes por los resultados del domingo; por cierto compartí clase con Xabi Bengoetxea. Fui a la universidad y acabé la carrera sentándome en el mismo asiento en Atotxa, en el mismo asiento que lo hacía cuando todavía usaba chupete. Viví el cambio de campo con ilusión y tristeza....¡ Cuántos recuerdos!

Lo insólito de toda esta historia de amor es que a ninguna de mis parejas les ha gustado el fútbol. Ironías de la vida. Hoy es el día que organizo mis vacaciones, cenas y demás acontecimientos mirando el calendario de la Real. Menos mal que mi marido entiende esta relación amorosa y no siente celos.

Uno de los días más tristes en mi relación con la Real, fue cuando bajamos a segunda. Pero jamás me planteé la separación ni el divorcio. Esos malos momentos los superaríamos juntos, como siempre. A las duras y a las maduras. En lo bueno y en lo malo. En la salud y en la enfermedad. Pero siempre juntos.

Hay mucha gente que no me entiende y me comentan que sólo es fútbol, pero eso es mentira. Es mucho más que 22 tíos dando patadas a un balón. La Real es un sentimiento profundo que te llena las venas y las arterias y que hace que tu corazón lata mucho más fuerte cuando suena el Txuri Urdin, que las lágrimas salten cuando entra ese balón en la portería, que se te erice la piel cuando los jugadores saltan al campo, que las mariposas te invadan el estómago ante un partido difícil. Por supuesto que en la vida hay muchas más cosas pero la Real es algo más, es aquel motor que nos ayuda a afrontar las putadas que se nos presentan todos los días. La Real me ha dado la oportunidad de conocer a mucha gente con la que comparto pareja de amor, pero no me importa; mucha de esta gente se han convertido en amigos míos sin los cuales no entendería mi día a día; vosotros sabéis quiénes sois.

Por supuesto que he tenido y tengo otras historias de amor, pero son distintas y también exquisitas, y no reniego de ninguna de ellas, pero lo que sé seguro es que ésta en particular sí que va a ser para siempre.

Y en toda esta historia de amor, quiero hacer una mención especial a mi aitona Joxe porque fue él el que nos enseñó a todos muchas cosas, pero sobre todo a querer a la Real y a seguirla en cualquier circunstancia. Siempre me acuerdo de él en los grandes triunfos. También mi madre tiene mucho que decir en toda esta historia. Es capaz de coger el coche y seguir a mis sobrinas allí a donde jueguen, ella también nos has enseñado a amar a la Real.

No quiero dejar de nombrar a mi gran orgullo, mi sobrina Ainara, quien tiene la suerte de poder defender los colores que tanto queremos en nuestra familia. Llegará lejos porque aparte de ser una gran central, es luchadora, trabajadora, honrada, humilde y una gran persona.

Y llevo dos años disfrutando de una manera muy especial que me llena de gran satisfacción. He compartido tertulias radiofónicas sobre la Real con grandes eruditos como Xabier Almandoz y sobre todo con Mikel Recalde, quien tuvo el detallazo de hacer mención a mi blog, Nire Txoko Txiki, en una de sus crónicas en el periódico Noticias de Gipuzkoa. Así mismo agradecer a Iñaki Milla las invitaciones a sus programas de radio y, sobre todo, a comentar un partido de las chicas en el que por primera vez, y espero que no sea la última, pude cantar un gol de la Real en directo por la radio. 

Honor especial el que he tenido por parte de Gure Reala quien me pidió que formara parte de esa gran asociación que defiende los derechos de los aficionados, y con los que debatimos mil y un temas relacionados con nuestro gran equipo, donde además y sobre todo,  he encontrado un grupo de gente con una calidad humana de campeonato.

Por todo esto sé que mi historia de amor será eterna, y que es verdad que las grandes historias de amor existen, con sus subidas y bajadas, pero cuando el amor es REAL perduran, y aunque sé que yo me iré antes que mi pareja, quiero que cuando llegue ese día llevarme la bufanda de Gijón conmigo y que suene el TxuriUrdin alto y claro.


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