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miércoles, 17 de julio de 2013

SENTIMIENTO


Hay una Real diferente por cada txuriurdin. Existe la Real de mi mejor amiga, la Real de Aranburu, la Real del vecino de arriba, la Real de nuestro compañero de butaca en Anoeta, la Real de nuestro profesor del colegio, etc. Todos con el mismo sentimiento, pero cada uno sintiéndolo a su manera.

A mi nadie me enseñó a ser de la Real Sociedad. Tampoco lo elegí yo. Me gusta decir que surgió por generación espontánea, ya que soy la primera (que no última) txuriurdin de la familia. Todo lo que sé es que hasta donde alcanzo a recordar ya pensaba en blanco y azul. A lo largo de todos estos años he adaptado la Real a mi modo de vida. La formalicé en mi familia, en mi rutina, en mi psicología. Hice que ser de la Real estuviera en consonancia con mi forma de ser. Porque es sólo fútbol pero a la vez, me gusta que no sea sólo eso.

Uno de los instantes que recuerdo con más orgullo y cariño se produjo en Segunda División. Jugábamos ante el Málaga, uno de los rivales más duros de la temporada y le plantamos cara con un equipo de cantera. Durante algo más de un minuto, durante la segunda parte, los once jugadores que vestían la elástica txuriurdin se habían criado en Zubieta. Es lo que un amigo y yo llamamos ‘el minuto mágico’. Existen muchas Real distintas. Pero esa es la mía. Discreta, humilde, sencilla, trabajadora, comprometida. De Gipuzkoa y para Gipuzkoa. De casa. Una Real con la que puedo identificarme fácilmente.

Existen muchas Reales distintas. Tantas, como almas hay en la grada de Anoeta. Tantas, como jugadores vistiendo nuestra camiseta. Puede que alguno porte el escudo compartiendo mi punto de vista. Puede que haya quien sólo lo vea como un escaparate con el que lucirse para catapultarse después. Puede que otro lo sienta suyo, aunque sin dejar de mirar de reojo a sus representantes.

Uno tras otro vemos huir a jugadores criados en Zubieta y descubrimos que, salvo excepciones, el verdadero sentimiento está sólo en la grada, al otro lado del televisor o incluso a kilómetros del campo. Entiendo lo mucho que desanima a creer en la cantera el hecho de que ésta se convierte en cartera pero yo necesito seguir sintiendo esta conexión especial con mi equipo.

La huida de Illarramendi nos da donde más duele. Desde Madrid destacan que es caro. Lo que ellos no tienen ni idea es el dinero, trabajo, esfuerzo y tiempo que se tarda en sacar de Zubieta un jugador de su calidad y de su carisma. Lo que ellos no saben es que para un equipo como la Real supone una pérdida importante en el campo pero más grave aún en el sentimiento. En Zubieta. En las plazas de los pueblos de Gipuzkoa. Donde necesitamos que sigan surgiendo nuevas Reales: Las ambiciosas, las viajeras, las románticas, las de cantera, las de cánticos, las de pipas, etc. Todos contamos. Heridos, toca levantarse de nuevo y centrarnos en los que se quedan. Somos diferentes e iguales. Centrados todos en nuestra ÚNICA Real. Que eso sea lo que nos mueva.


jueves, 4 de julio de 2013

GRACIAS JOSEBA


Es la segunda vez que le vemos irse. Casi por la puerta de atrás y con una pena aún más grande en su corazón. Joseba Llorente no ha conseguido ser profeta en su tierra; no ha logrado triunfar en el club de sus amores aunque sí haya conquistado el cariño de su afición.

Su regreso fue uno de los fichajes más ilusionantes que recuerdo. En parte por su primera salida del club. En parte por su fútbol: su capacidad goleadora, su garra en el campo, su carácter noble pero guerrero. Pero sobre todo por su forma de sentir la Real Sociedad.

Parecía que había llegado su momento y, aunque el inicio fue prometedor, las lesiones le impidieron cumplir su sueño. Pero los malos momentos vividos no le han impedido al delantero de demostrar su amor al club y su profesionalidad. Y la afición supo verlo. Las pocas veces que saltó al campo contó con todo el apoyo de la grada que ansiaba un gol del ‘flaco’.

Tras un año cedido en Osasuna en el que tampoco ha conseguido recuperar su fúbtol, Joseba Llorente y la Real Sociedad han rescindido el contrato. No sabemos si nuestro delantero conquistará corazones en otra grada o colgará las botas pero todos le deseamos la mejor de las suertes.

Yo le estaré eternamente agradecida. Dicen que una imagen vale mil palabras y cuando intento explicarle a alguien que no comparte esta pasión qué es la Real para mí recuerdo aquel día de su debut en Anoeta. Aquel gol y aquella cara de máxima felicidad de un chaval que acababa de cumplir el mayor sueño de su vida. La Real es Joseba Llorente, igual que la Real es ese niño gipuzkoano que en el patio del colegio se pide ser Agirretxe.

Gracias por todo, Joseba.


jueves, 13 de junio de 2013

RELEVO


Parto de la base de que desconozco el trabajo de Jagoba Arrasate. No soy una estudiosa del fútbol e ignoro gran parte de las labores que se desempeñan en Zubieta. Así que tras hacerse oficial algo que en las últimas jornadas parecía ser un secreto a voces decidí empaparme de la opinión de los demás, de los que sí conocen al nuevo míster o de los que están relativamente cerca de su trabajo, para hacerme una idea sobre nuestro nuevo entrenador.

Una de las muchas opiniones que he leído esta semana sobre la elección de Jagoba ha sido la de la defensa de lacantera, máxima que rige -o debiera regir- en esta institución a la hora de confeccionar la plantilla. Si esa línea sirve para los jugadores, ¿por qué no puede servir también para el puesto de entrenador?, esgrimía el aficionado.

Lo que más me ha llamado la atención de su llegada es que, al parecer, es el candidato ideal para la plantilla. Leo a periodistas que han hablado con distintos integrantes del primer equipo y todos se deshacen en elogios. No sólo como persona y como ‘líder’, si no también destacan su capacidad en el plano técnico. De todos los párrafos leídos esta última semana la idea que más ha calado en mí es la de relevo, la de fe en un proyecto del que parece que la propia plantilla está empapada.

Destaca también la naturalidad con la que se ha asimilado en el entorno txuriurdin esta decisión. Puede que esta elección transmita una apuesta por la continuidad no sólo en el césped si no también en la propia institución. Se trata de poner en valor una forma de ser, de actuar y de trabajar. Un camino que la actual directiva ha recuperado no sin esfuerzo, que ha reconciliado a la afición y nos ha devuelto, en cierto modo, a la Real Sociedad. Y no podemos obviar que la directiva se ha ganado el mérito de sorprendernos.

Claro que con la Real Sociedad cuarta en la tabla y ante un verano que se antoja tranquilo en el vestuario, muchas de esas opiniones pueden estar llenas de palabras bonitas pero huecas. No obstante, lo leído y escuchado estas últimas jornadas me ha acabado convenciendo de que Jagoba Arrasate es la opción más correcta para seguir el equipo, tomando el testigo de esta fantástica temporada y permitiendo la evolución de un modelo en extinción en esta Liga de locos. Ongi etorri Jagoba!

Gracias, Montanier

La etapa del entrenador galo ya está cerrada, pero no quería despedirle sin explayarme sobre estos dos años. Se han llenado páginas criticando a Montanier y también ha habido medios que le han defendido a capa y espada. Y al final, ni los buenos son tan buenos, ni los malos lo son tanto.

La clave para entender a los que fuimos críticos con el entrenador está -para mí- en aquellas declaraciones que Montanier hizo el verano pasado, en medio del clima de euforia que se había adueñado en la familia txuriurdin. El galo quiso acallar esas voces afirmando no entender a qué venía ese espíritu ya que la plantilla era la misma que la del año anterior.

Y esa es, también, la llave para comprender la actitud de los que los que, desde fuera, atacaron a la afición realista. Anoeta ha sido crítico con Montanier porque creía que el equipo tenía potencial para escalar en la clasificación (aunque, evidentemente, ni el más optimista se espera un final tan feliz). Pero desde fuera parecíamos no menos que unos ‘‘flipados’’, por pretender que Montanier consiguiera, de una plantilla que hace unos años estaba en Segunda, un aspirante a Europa.

Como fuere, para algunos por las lesiones, para otros por órdenes de arriba y para otros pocos por la propia evolución del técnico, ese potencial de la plantilla fue sacado a relucir y Montanier acabó llevando el equipo a puestos de Champions. Y como en toda historia, hay ventajistas y oportunistas. Los hay quienes asumen que el entrenador ha sido el mismo durante dos años y la afición injusta desde el primer día; los hay quienes a pesar de reírse de la utopía de una Real europea ahora se creen con capacidad de juzgar a la familia txuriurdin; y hay quien aún opina que el entrenador no ha tenido nada que ver.

Agur, Montanier. Para despedirte tomo prestadas unas palabras que un txuriurdin dejó a modo de comentario en una red social hace un par de semanas. “La Real ha crecido gracias a Montanier y Montanier ha crecido gracias a la Real Sociedad. Se va sin que yo siga entenderle en muchas cosas, pero ha hecho un buen trabajo y creo que es un gran tipo”. Poco más que añadir. Gracias Míster.


jueves, 6 de junio de 2013

GRACIAS


Poco a poco voy recuperando mis constantes vitales. Empiezo a guardar lo vivido estos últimos días en tarros de miel para, como decía una canción, cuando no estés poder untar con algo dulce el agrio vacío. Porque Riazor me acompañará siempre. Si antes del partido la Real ya era de Champions en mi corazón, al final del mismo era de Champions en el mundo real. Y yo estaré eternamente agradecida por esta campaña a un equipo que desde hace muchos años me tiene enamorada.

Cada viaje que he hecho con la Real ha sido distinto a los demás. Los resultados deportivos no siempre han acompañado, pero incluso en los peores momentos he sido feliz haciendo lo que más me gusta. Lo que no quita para que haya recuerdos manchados de lágrimas. No soy capaz de pensar en Mendizorroza sin recordar lo que fue el momento más duro que el fúbtol me ha regalado. Ni Vigo (o la pantalla gigante en Irun desde donde vi aquel partido), ni Pamplona (y sus días posteriores de luto). La de aquella tarde en Vitoria ha sido la más cruel en mi vida txuriurdin.

Del mismo modo que aquel encuentro ante el Alavés firmó la página más oscura de mi peregrinaje con la Real, Coruña se ha convertido en el cénit. Ni aquella última jornada de la temporada del subcampeonato, ni la locura europea en Lyon y ni siquiera el día del ascenso pueden hacerle sombra. Conseguir la Champions en una Liga desvirtuada en los despachos, con una plantilla formada por jugadores que -en su mayoría- estaban hace tan sólo tres años en Segunda y construida sobre una filosofía de cantera; tras haber perdido el cuarto puesto una semana antes y después de haber maravillado a propios y extraños durante gran parte de la Liga... fue algo apoteósico. Ha sido un final de temporada cardíaco, pero si no lo hubiera sido no hubiera sabido tan bien.

Ver lágrimas de alegría en los rostros de esas personas que aprendí a querer en mis viajes con la Real, que se convirtieron en amigos de fatiga en Segunda, que han sufrido lo mismo que yo por este escudo es mi mejor regalo. Por ello, ¡gracias Real!


viernes, 31 de mayo de 2013

A FALTA DE UNA JORNADA


A falta de una jornada para acabar la Liga, me gustaría escribir sobre lo orgullosa que me está haciendo sentir esta temporada nuestro equipo y explayarme en lo mucho que hemos disfrutado en Anoeta estos meses. Pero siento que si lo hiciera estaría lanzando, quizás, un mensaje derrotista. A falta de una jornada para acabar la Liga podría centrarme en lo cerca que hemos estado (¡y seguimos estando!) de una oportunidad única, pero puede que también sonase algo inconformista. A falta de una jornada, si algo tengo claro es que, pase lo que pase, ésta ha sido una temporada de Matrícula de Honor porque no consigo olvidar que la plantilla que nos devolvió a Primera es la que éste año ha enamorado a propios y ajenos.

A falta de una jornada no consigo quitarme de encima esta sensación de bloqueo, de tensión y de angustia que se adueñó de mí el domingo en Anoeta. Una vez más, ¡qué manera de sufrir! Estamos viviendo un final de temporada de infarto, a pesar de que tras imponernos ante el Valencia nos lo creímos. O quizás precisamente por eso mismo. Están siendo partidos agotadores, tanto para los jugadores como la afición.

Todos salimos de Anoeta con la certeza de que hace un mes el Madrid no hubiera salido vivo. Empezamos el partido cuartos y lo acabamos quintos, pero el gol en el último minuto nos reconcilió a todos. Y es que ese último tanto bien puede valer una Champions. Ese último gol no dejó que el Madrid mancillara nuestro hogar en una temporada inolvidable en Anoeta. Ese último gol nos recordó lo que ha sido la Real estos meses: un equipo con fe, fiel a su estilo, terco, tenaz y luchador. Un equipo de Europa.

E insisto. Ese último gol bien puede valer el sueño de la máxima competición europea. No concibo sino el haberle marcado seis goles al Real Madrid (¡cinco de nuestro capitán!) para obtener a cambio un sólo punto. Mi espíritu optimista me convence de la victoria ante el Deportivo y del pinchazo del Valencia en Sevilla. Y podremos celebrar que entraremos en Europa por la puerta grande (previa incluida). Y si no es posible, celebraremos que este equipo es de Champions en nuestro corazón.

A falta de una jornada, no sé vosotros, pero yo ¡ya estoy empezando a echar de menos esta liga!


jueves, 23 de mayo de 2013

VOLVER A DISFRUTAR


El partido en Sevilla volvió a evidenciar dos realidades del conjunto txuriurdin en este tramo final de Liga: Que Illarramendi es el jugador clave de la plantilla, el motor para que el equipo sea capaz de desplegar su juego; y que los jugadores han dejado que los nervios se apoderen de su estado de ánimo, en detrimento del disfrute del que hasta hace bien poco hacían gala. Los tropiezos de las últimas semanas echaron avivaron el fuego y los de Montanier volvieron a caer en errores impropios de ellos durante esta temporada.

Precisamente por eso la victoria en Sevilla se me antoja vital. No ya por los tres puntos que nos permiten seguir siendo cuartos, que también; si no por la dosis de moral que supone a un equipo al que parece faltarle el oxígeno en este último tramo. Es vital que los jugadores vuelvan a sentir que están en el césped para pasárselo bien, porque será así como consigan los mejores resultados. Aunque, evidentemente, es inevitable ser conscientes de lo que está en juego.

El sábado la Real fue capaz de practicar su mejor fútbol. Pero la escasa renta hizo que, conforme avanzaron los minutos, los fantasmas de lo acontecido contra el Granada aparecieran en escena, a lo que se le sumó la malísima noticia de la lesión de Illarramendi. Y de nuevo vimos imprecisiones en los despejes, peligrosas pérdidas de balón, pases imprecisos y toques absurdos que hipotecaban a la zaga realista. Y una falta final que mantuvo helada la grada donde animaba la afición txuriurdin.

Pero, a pesar del sufrimiento, el conjunto realista logró la victoria. Sufrió, ganó y defendió su cuarta plaza, una plaza que el Valencia -que de nuevo había jugado antes que nosotros añadiendo más presión al encuentro- había asaltado horas antes. Ahora el equipo debe recordar que sabe ganar, que sabe jugar y que sabe disfrutar. Y, sinceramente, flaco favor hacen en este sprint final los debates y rumores sobre cualquier tema que no sean los dos partidos que nos quedan.

En lo personal, tengo que contaros que vivir el partido en el Sánchez Pizjuán fue especial para mí. Hace seis años cuando descendimos, todos teníamos un mantra en la cabeza: ¡VOLVEREMOS! En el periplo por segunda visité Sevilla para contemplar la humillación a la que nos sometió el Sevilla Atlético en un campo prácticamente vacío. Nos costó pero volvimos a primera. Y cinco años después de aquel despropósito también volví yo a la ciudad andaluza. Soñando con la Champions League. ¡Así da gusto!



viernes, 17 de mayo de 2013

SOMOS CUARTOS


Mucho me acordé a última hora del lunes de uno de mis primeros artículos aquí, en el que decía que Montanier había mejorado mucho en estas dos temporadas, tanto que hasta le habíamos visto aprender a leer los partidos. Aunque sería injusto echarle al entrenador toda la culpa de lo que pasó en el tramo final del partido ante el Granada, ya que el equipo adoleció de falta de concentración e incluso subestimó a un rival que llegaba con mucho peligro. Es cierto que el equipo necesitaba un refuerzo que bajara el vertiginoso ritmo del encuentro y nos diera solidez en el centro del campo pero no es menos cierto que hubo quien, con el agua al cuello, decidió poner en riesgo el balón.

Pero ya hemos pasado página. Faltan tres jornadas y somos el cuarto clasificado de la Liga. Estamos empatados a puntos con el todopoderoso Valencia pero en virtud de los nueve goles que les hemos endosado esta temporada, la cuarta plaza es para nosotros. Y sólo nos queda defenderla. Es nuestra por méritos propios.

Nos queda un calendario complicado. Sevilla, Madrid y Deportivo. Pero las dudas que se han podido escuchar estos días sobre el equipo no podrían ser más injustas. Recordemos todo lo vivido esta temporada y sobre todo, todo lo disfrutado. Esta plantilla ha demostrado ser capaz de ganar a cualquiera, ¿por qué no iba a hacerlo ahora? La clave está en que nosotros no tenemos presión. Los de Montanier deben salir al campo a disfrutar, su premio ya está asegurado: la Real estará en Europa el año que viene. Son otros los que están obligados a conseguir algo que no está en su mano.

Para los más escépticos debería valerles la vuelta de Illarramendi. El centrocampista ha demostrado ser el auténtico pulmón del equipo. Su calidad en el campo no pasa desapercibida a nadie, a pesar de ser un jugador discreto. Pero es que su calidad es mucho más evidente cuando no está. Los distintos parches por los que se ha optado en sus diversas ausencias no han conseguido que la Real fuera la que acostumbramos. Sin él nos desdibujamos. Sin él nos rompemos. Sin él nos falta inteligencia. Pero en Sevilla, con él, seguro que logramos los tres puntos.


viernes, 10 de mayo de 2013

BENDITO SUFRIMIENTO


“¡Bendito sufrimiento!”, pensaba el lunes mientras se consumían los minutos del Getafe - Real Sociedad a la par que mis ya casi inexistentes uñas. Sufría viendo a mi equipo dejar escapar unos puntos que suenan a Champions. Bendito sufrimiento, sí, tras habernos comido unos cuantos años de angustias por el fango. Pero sufrimiento al fin y al cabo.

Ganar al Valencia parecía la final definitiva. Cinco puntos de ventaja más el golaverage, a falta de cinco jornadas para acabar la Liga. Y entonces empezaron las malas noticias. La baja de Illarramendi, la baja del capitán, el mal horario del partido... Pero el momento dulce por el que atraviesa el equipo ayudó, y la afición txuriurdin volvió a arropar a su equipo un lunes a las 10 de la noche.

El partido arrancó bien: Tras el gol de Vela parecía que todo seguía el guión establecido. Quizás fuera precisamente esa autocomplacencia la que provocara que el vaso se desbordara. El gol de Getafe hundió al equipo txuriurdin que no fue capaz de entrar de nuevo en el juego hasta la recta final del encuentro. Contemplamos una versión muy desdibujada de lo que hemos visto, algo en lo que no sólo las ausencias fueron las culpables.

O sí. Puede que las bajas pesaran más de lo que nos gustaría. O puede que fuera sólo un mal día, ya que Iñigo reconocía el martes que la actitud no fue la necesaria. Puede ser que el equipo, tras una intensa segunda vuelta persiguiendo el sueño europeo, creyera realmente que el partido ante el Valencia había sido la Final y se relajara. O puede que no nos gusten las cosas fáciles y que en nuestro ADN esté el vibrar y sufrir hasta el pitido final de la temporada.

A pesar de todo, yo estoy tranquila. Recuerdo las lágrimas de Griezmann cuando logramos el ascenso a primera. Recuerdo el compromiso de Xabi Prieto cuando descendimos y durante cada segundo que ha vestido la elástica txuriurdin. Recuerdo la garra de Iñigo cuando celebra un gol. Y entonces recuerdo que para ellos es tan importante como para nosotros. El sueño está en nuestras manos y estoy convencida de que no se escapará. ¿Y tú?


miércoles, 1 de mayo de 2013

DELIRIO TXURI URDIN


El del Valencia fue partido inolvidable, acompañado por un cóctel de emociones que lo convierten en uno de los encuentros más especiales que he presenciado. Llevo años yendo a Anoeta y he viajado cuanto he podido para ver a la Real en campos de Primera y Segunda División (e incluso en Champions League), pero lo de ayer fue diferente a todo lo vivido.

El rival, el ambiente previo y sus ansias de protagonismo. Lo que estaba en juego. El sufrimiento. La tensión. La intensidad del partido. La belleza de los goles. La rabia y la emoción de cada tanto. El recuerdo de lo vivido hace apenas unos años. El fútbol de cantera frente a la cartera. La explosión de alegría ante el golazo de Imanol... Os aseguro que muy pocas veces he sentido tanta emoción como el domingo con cada gol txuriurdin.

Se podría decir que este año nos estamos graduando en noches mágicas, en tardes de ensueño. Contra el Barça el día de San Sebastián, en el último derby en San Mamés, ganando en un inexpugnable Calderón, metiendo una manita en Mestalla, el partidazo ante el Betis... Y aún así este equipo consigue superarse. El momento que atraviesa es tan dulce que jornada a jornada da un paso más en su camino a la Champions League y en calidad en el terreno de juego.

Muchos de los goles que ha marcado el conjunto de Montanier este año protagonizarían especiales a final de temporada si los hubieran firmado otros. Da igual, no necesitamos sus focos de atención. Y es que después de caminar por el desierto, vagar sin rumbo por Segunda División y olvidar quién somos, la afición disfruta de un sueño que comparte con unos jugadores que respetan, entienden y -en muchos casos- aman el escudo que lucen en el pecho.

Txuriurdines del mundo, estoy segura de que vosotros, como yo, vibrasteis con los goles del domingo, se os humedecieron ligeramente los ojos al celebrarlos y sufristeis a la vez que disfrutasteis como nunca. Para vosotros, para nosotros, es este sueño.


martes, 30 de abril de 2013

MATRÍCULA DE HONOR


La Real Sociedad se ha graduado con Matrícula de Honor en esta temporada. Una nota muy merecida porque al resultado en la tabla, le ha acompañado el buen juego. Porque tras los números se esconde una realidad humilde, austera y fiel a una identidad. Porque a este presente ilusionante le corresponde un pasado complicado. Y porque esa Matrícula de Honor no es sino la suma de un dominio de todas las materias.

Este equipo ha aprendido a remontar partidos. A superar bajas importantes. A jugar con un rival encerrado atrás. A ganar donde nadie lo ha hecho. A ser un equipo. A defender su historia. A firmar la última victoria en un escenario histórico. A luchar partidos trabados. A perder el balón sin perder su estilo. A adaptarse a las circunstancias. A reinventarse ante el rival. A tener paciencia y hacer gala de inteligencia. A sacar petróleo de cada hueco. A ganar caóticos partidos. A defender. A explotar al rival en tan sólo quince. Y a disfrutar como hacía años.

El domingo vivimos una nueva demostración de todo ello. El Valencia salió enchufadísimo, con las líneas adelantadas y ejerciendo muchísima presión a la Real Sociedad. El partido tuvo un ritmo muy intenso, casi de locura, desde el primer minuto. Y, aunque Vela amagó antes, Soldado adelantó al rival.

Pero los de Montanier bordan las remontadas. Con paciencia, buscando ser fieles a su estilo lo poco que el rival les dejaba, le demostró que lo de ser cuartos en tabla no es fruto de la casualidad. Todo el equipo se implicó en un trabajo brutal de defensa, de buscar huecos, de tratar de retener el balón y de darle velocidad al juego en los metros finales. Markel confirmaba su evolución en el campo con un partido en el que su actuación fue vital en el centro del campo. Carlos Martínez era omnipresente: ahora central, ahora portero, ahora lateral, ahora mediocentro, ahora extremo, etc.

La grada sufría, a la vez que disfrutaba. El Valencia fue un rival difícil y creó mucho peligro. Y entonces, una contra impecable, una jugada casi de consola y la Real se adelantó en el marcador. El júbilo se apoderó de la afición. La máquina realista estaba a tope.

Se acercaba el final. ¡Vaya locura de final! Agirretxe, el crack de la noche, nos dio la tranquilidad con un tercer gol que enloqueció a la grada. Bufandas en alto en un ambiente precioso, volcado y de ensueño, que enmudeció ligeramente con el segundo tanto valenciano. Quedaban apenas unos minutos y, aunque la afición no dejó de animar, una falta al borde del área nos hizo echar a temblar. No queríamos creer que nos fueran a arrebatar el sueño y entonces de nuevo Imagol nos regaló el mejor gol del año. Precioso, de clase, de talento, de locura.

¡WE ARE CHAMPIONS LEAGUE!


jueves, 25 de abril de 2013

SUEÑO VS REALIDAD


No perdimos la Liga en Vigo. Pero siempre recordaremos aquella tarde como lo que pudo ser y no fue. Digo que no la perdimos allí porque antes de ese encuentro tan vital nos dejamos puntos absurdos por el camino. Para mí, la Liga la perdimos en Anoeta, en aquellos minutos añadidos -de más- contra el Villarreal. Dejamos escapar, cual equipo de patio de colegio, una ventaja de dos goles y dos valiosísimos puntos que acabaron valiendo un tercer título de Liga.

Así que no perdimos la Liga en Vigo, no. Pero no puedo evitar pensar que aquel partido se nos atragantó por falta de seguridad. Aquella plantilla creía que ganar la Liga era posible, pero puede que no asumieran, durante esos inolvidables 90 minutos, que el título era suyo. Aquel día faltó sustituir el creer, por el saber; la fe, por la certeza de que, tras una campaña histórica, tras una temporada demostrando ser los mejores, la Liga realmente ya era suya. Que tras tantos encuentros épicos, ese era sólo uno más, y no el definitivo.

Es lo que tienen los sueños. Mientras los diseñas, mientras caminas hacia ellos, te vienes arriba y sin darte cuenta empiezas a convertirlos en realidad. Y cuando estás tocándolos con la punta de los dedos, te planteas si puedes o no hacerlo. Y olvidas que ya lo habías logrado.

No puedo evitar recordar aquella tarde cuando pienso en el encuentro de este fin de semana. La Real Sociedad ha demostrado estos últimos meses estar a un nivel superior al del Valencia, ser un equipo ambicioso, descarado, letal y digno merecedor del puesto que ocupa en la tabla. Es decir, que hoy por hoy está donde debe estar, no donde sueña estar. Los de Montanier han de saltar al campo a defender lo que ya es suyo, no a jugarse un sueño. Y esa es la diferencia que puede hacer que el partido sea un éxito o un recuerdo amargo.

Para recordárselo, para no dejarles dudar, desde el minuto uno la actitud de la grada de Anoeta debe ser como la del día del Betis. Una afición que empujó al equipo ante la adversidad, una afición que se implicó como jugador número 12. Porque, y aunque nos hayamos dejado puntos absurdos en el camino, todos sabemos que este partido es de Champions League.

jueves, 18 de abril de 2013

METAMORFOSIS

En verano le dije a un amigo que la Real tenía potencial este año para luchar por los puestos europeos. Teniendo en cuenta que la plantilla era similar a la de la pasada campaña, cuando jugueteamos con el descenso y la salvación durante toda la temporada, mi interlocutor se rió. “Si Montanier es capaz de sacarla, por calidad este equipo puede aspirar a Europa”. Se lo recordé hace unas semanas, cuando él miraba la clasificación y me decía que la Europa League la teníamos ya casi asegurada.

Cierto es que la plantilla es muy similar a la del año pasado, pero ¡cómo ha cambiado la historia! Hace un año lográbamos puntos gracias a que la Real eran Vela y diez más. Ahora el mejicano comparte protagonismo en las páginas de los periódicos con los Illarra, Griezmann, Agirretxe, Prieto, etc.

La evolución ha sido gigante. Individual y colectivamente. Desde el míster hasta el capitán, toda la plantilla muestra este año una cara muy distinta a la de hace doce meses. En este plazo, Montanier ha aprendido a leer los partidos, ha ganado agresividad a la hora de plantear los partidos -especialmente fuera de casa- e incluso se ha ganado a parte de la afición, el mayor escollo que ha tenido que salvar.

Illarramendi hace tiempo que se graduó con matrícula de honor y en cada encuentro nos maravilla con el enorme jugador que, a pesar de su corta edad, ya es. Madurez, inteligencia, generosidad, visión del juego, la batuta del equipo no puede estar en mejores manos.

Detrás, Mikel González al fin exhibe la seguridad y sobriedad que habíamos adivinado en él antaño pero que, a falta de continuidad, le había costado confirmar. A su lado Iñigo aprende a pasos agigantados y muy lejos, está esa imagen de joven talentoso pero impulsivo. Ambos guardan la zaga realista con una infalibilidad que hace años no veíamos en Anoeta y fundamentando la base más sólida para todo el equipo. Flanqueándoles, De La Bella y Carlos Martínez son capaces de reinventarse y sorprendernos en cada jornada.

Y arriba, todo el arsenal. La Real es el tercer equipo más goleador de la Liga, por detrás del Barça de Messi y del Madrid de Cristiano. Y lo hace con un gol repartido. Vela, Griezmann, Agirretxe, Chori, Prieto... ¡e incluso los defensas! A este equipo, que tantas veces en los últimos años le ha faltado gol, este año le sobra. Leía este fin de semana, en un periódico de tirada nacional, que este equipo juega como el Barça, pero que ataca como el Madrid. Esto es, un equipo que busca tener el balón, mimarlo, jugarlo y cansar física y psicológicamente al rival; pero que una vez que se aproxima al área rival muestra su lado más directo, valiente, agresivo, inteligente, letal.

Y ahí es donde jugadores como Griezmann o Xabi Prieto han mostrado este año un nivel mayor que el de la temporada anterior. Especialmente el capitán quien, probablemente, vivió su año más gris durante la pasada campaña. El míster le ha encontrado un lugar por el centro donde el donostiarra hace más daño que nunca, mientras que el francés, que ha pasado un bache a mediados de esta temporada, vuelve a brillar ahora como lo hizo en las primeras jornadas de la Liga: mostrando una velocidad, una habilidad y una facilidad para crear peligro que pocos jugadores de esta Liga llegan a aspirar. Y esperándoles arriba está un dulce Agirretxe. La continuidad le ha dado alas y el ariete gipuzkoano muestra este año su mejor nivel.

El buen estado de forma que atraviesan los jugadores más determinantes de la plantilla ha provocado un salto de calidad del equipo, que al verse en un momento de gracia ha creído en sus posibilidades y se ha venido arriba. Parece difícil de parar el tren europeo, aunque aún queda Liga por delante. Pase lo que pase, equipo y afición viven jornadas inolvidables. Un bonito capítulo en un entorno que necesitaba ya alegrías.


jueves, 11 de abril de 2013

UNA BUFANDA TALISMÁN


El de este fin de semana es uno de los viajes más bonitos de toda la temporada. Vallecas es un lugar especial, un campo humilde con ambiente inigualable en toda la Liga, ya que la del Rayo es, sin duda, una de las mejores aficiones que existen en el fútbol. Es realmente espectacular su manera de animar, pase lo que pase en el campo. Lo vimos en Anoeta cuando su equipo cayó goleado mientras su hinchada no dejaba de animar, pero en Vallecas es aún más especial, una auténtica gozada.

Este domingo, además, mi bufanda talismán volverá al sitio donde nuestra historia empezó. Una bufanda singular con una bonita anécdota que contar. Pasó en Vallecas, en el encuentro que enfrentaba a la Real contra el ´Rayito´ el año pasado. Disfrutábamos del ambiente pre-partido cuando dos hombres de mediana edad torcieron la esquina y se acercaron a nuestro grupo. Ninguno llevaba distintivo alguno del Rayo, ni de la Real. Excepto...

Uno de ellos estiró la mano hacia mí, ofreciéndome una bufanda de la Real Sociedad. Un modelo clásico, de lana, en perfecto estado. Ante mi gesto extrañado, el hombre se explicó. “Toma, era de mi padre, que ha muerto”. Algo anonadada, agarré la bufanda y agradecí, a duras penas, aquel ‘regalo’. Antes de que me diera cuenta, el hombre y su acompañante se habían ido por el mismo sitio por el que habían llegado.

No faltaron comentarios de todo tipo. Hubo quien quiso ver un “mal fario” en aquel presente pero lo cierto es que según pasaban los minutos fui entendiendo lo sucedido. Desconozco la realidad de la historia, pero me gusta pensar que el fallecido guardaba aquella bufanda con tanto cariño que a su hijo le había dado pena tirarla y prefirió darle una nueva vida. Un rato después aquella bufanda y yo vivimos nuestro primer partido juntos, con un resultado para olvidar.

Pero, la historia tan bonita que esconde esta bufanda me hizo convertirla en uno de mis talismanes. Después de aquel comienzo tan pésimo en Vallecas, me ha acompañado a otros partidos importantes y nunca ha presenciado otra derrota txuriurdin. Para que os hagáis una idea, este año estuvo en Anoeta ante el Barça y el otro día ante el Málaga. También ha ido conmigo a los dos desplazamientos que he realizado esta temporada, Vigo y el último derbi en San Mamés.

Este fin de semana, “la bufanda del difunto”, como la conocen mis amigos; volverá a Vallecas porque no puedo negarle una visita al campo donde nuestra historia empezó.

Foto: www.rayoherald.com


viernes, 5 de abril de 2013

ORQUESTA SINFÓNICA


El del sábado es uno de los partidos más trascendentales de la temporada. Una de esas finales de las que os hablaba hace unas semanas. ¿Quién nos iba a decir que a falta de nueve jornadas íbamos a recibir al Málaga peleándoles un puesto de Champions? Y lo cierto es que no podría haber mejor momento para este partido.

La clasificación para Europa pasó de ser una quimera a un sueño y ahora ya casi una realidad. Sí, quedan en liza muchos puntos aún y somos muchos los equipos en la pelea pero si es cierto que el fútbol es un estado de ánimo, entonces nos hemos ganado el derecho a cumplir nuestro sueño.

Y es que este equipo está demostrando cada jornada que atraviesa un momento muy dulce. Cuando hay calidad, trabajo y unión, los resultados llegan. Y cuando esto pasa, la presión que otros años ahogaba al equipo se transforma en tranquilidad y da paso a lo que estamos viviendo: un equipo que se crece, que disfruta, que se vuelve grande.

Lejos quedan ahora aquellos partidos en los que ni ganando uno a cero la afición txuriurdin estaba confiada. Han pasado sólo meses, pero la metamorfosis del conjunto donostiarra ha sido brutal. Misma plantilla, mismo entrenador, mismos rivales. Pero donde el año pasado había un centro del campo ausente, una defensa al servicio del rival y una clara ausencia de gol, este año sólo hay una orquesta sinfónica, una gran armonía y un público entregado. Ahora, aunque el equipo empiece perdiendo, la afición sabe que la remontada siempre es posible.

Arrasando todo lo que se encuentra por el camino hemos llegado hasta este punto de la Liga. El Málaga empató este miércoles a cero en la Champions, lo que le obliga a salir al 100% en el partido de vuelta de la semana que viene. La Real recibirá en casa a su rival más inmediato con la posibilidad de alejarlo en la tabla tres puntos, más el golaverage particular. Con o sin bajas, los de Montanier han demostrado que son capaces de desplegar su buen juego por encima de individualidades y con el apoyo de Anoeta tratarán de mantener seguro el fortín.



miércoles, 27 de marzo de 2013

MADUREZ


La Real Sociedad es un equipo maduro. A pesar de la juventud de la mayor parte de sus jugadores ‘estrella’, los de Montanier han mostrado una gran madurez sabiendo adaptar su calidad a partidos de estilos muy diferentes.

Que esta Real trata con mimo la pelota es algo que ya sabíamos: Montanier ha dotado a los realistas de un estilo de toque y cuidado del balón, primando la posesión del mismo; estadística en la que los donostiarras se han graduado con matrícula esta temporada. Pero las circunstancias obligan en ocasiones a renegar de tu propio estilo y saber pelear en otros fangos. Y en esto, también, esta Real ha sido sobresaliente.

Lo vimos en Anoeta contra el Betis, en aquel frenético e intenso partido en el que la Real notó, y mucho, la ausencia de Illarramendi. El estilo de Betis, directo y peligroso, obligó al equipo a meter una marcha más durante todo el encuentro, sin poder centrarse en mimar tanto el balón, aplicándose a fondo en labores defensivas y apostando por la rapidez y eficacia de su potencial ofensivo.

Y lo volvimos a ver en la visita al Atlético de Madrid, donde no comparto los calificativos que tildaron de injusta la victoria txuriurdin. El conjunto realista demostró una gran capacidad de trabajo y sacrificio y supo frenar -tarea nada fácil- a un Atlético de Madrid con números de récord. Toda la plantilla comprendió que era un día de embarrarse con el buzo de trabajo para mantener a cero la portería e intentar sorprender, como lo hizo, en alguna contra. Un partido muy diferente del anterior, con un resultado más discreto, con un fútbol menos espectacular pero que volvió a consagrar a la Real Sociedad como equipo inteligente y trabajador.

Evidentemente, donde el equipo se siente más cómodo es en encuentros como el del Valladolid. La Real Sociedad se adueñó del balón y disfrutó haciendo partícipe a la afición de una auténtica fiesta de goles, regates, detalles técnicos y juego en equipo, como ese último e inolvidable gol. Pero no todos los partidos te permiten ser tú mismo y saber imponerse en las adversidades es lo que hace a la Real aspirante a Europa: ser un equipo maduro, es sinónimo de éxitos.



jueves, 21 de marzo de 2013

CAL Y ARENA

Hemos sufrido mucho. En mi mente siempre estará grabada aquella tarde en Iruña, cuando me tocó asimilar la nueva realidad de mi equipo: el descenso al infierno. Para colmo el destino, siempre tan cruel con nosotros, nos regaló aquel penalti en Anoeta apenas unos días después. Jamás he sentido pararse el tiempo con la certeza de aquella tarde y con la congoja del silencio más atronador de mi vida. Mis manos se agarraron a las de mis amigos y compañeros de fatiga en Anoeta y sentí el peso de los segundos, convertidos en eternidades, mientras Donosti entera observaba a Savio prepararse para el lanzamiento. Creímos, por un momento, que podría ser posible, pero sólo fuimos espectadores de cómo se rompían nuestras esperanzas, una vez más.

Tres años. Lavadoras que se estropean a media noche, partidos mediocres, humillaciones inolvidables, récords para desterrar, etc. Temporada tras temporada fuimos testigos de un equipo caricaturizado y roto, institucional y deportivamente.

Repito: Hemos sufrido mucho. Por eso, y aunque me crié con un equipo que protagonizaba tardes europeas, un equipo de UEFA e incluso de Champions, y heredera de grandes gestas, nunca olvidaré esos tres años en los que sufrí y lloré, pero en los que aprendí a querer como nunca a mi Real.

Por eso, y aunque esté disfrutando como hace años con este equipo, jamás dejaré de lado lo que hemos sido él y yo en esta particular relación. Jamás querré -ni podré- olvidar aquella asquerosa tarde en Gasteiz. Porque este equipo nos regalará siempre lo mejor y lo peor, y eso es lo que me hace quererlo tanto.

Y por eso, a este equipo ahora no le exijo nada más que disfrutar. Ellos en el campo y nosotros en la grada. Cualquier premio que llegué como consecuencia será más que bienvenido, y ojalá hagamos que Europa entera sea txuriurdin. Y así, Real, disfrutaré de mis dos pasiones: de viajar, y de ti. #EuropaTxuriUrdin

jueves, 14 de marzo de 2013

EVOLUCIÓN

Tenía pensado escribir sobre Montanier antes de que comenzara a correr el rumor de la no renovación del míster y de las diversas ofertas que ha podido recibir desde Francia. Desconozco qué hay de verdad en todo eso pero, al menos, me exime de preocuparme por el futuro del banquillo realista, o mejor dicho, de continuar debatiendo conmigo misma qué creo que es mejor, si dejarle irse u ofrecerle la continuidad. Entiendo que, tras todo lo vivido, la pelota esté en su tejado. Pero necesitaba hacer un ejercicio de autocrítica, una evaluación de mis ideas y saber si, como él, yo también he evolucionado desde que llegó a nuestro banquillo.

Porque yo, confieso, pertenezco a esa gran parte de la afición realista que ha sido muy crítica con el entrenador, aunque creo que no de manera gratuita. Por anteriores experiencias sé que no soy de las que cae en el reproche rápido y prefiero dejar hacer su trabajo al míster hasta valorarle como tal. Reconozco que no estuve a favor de la salida de Lasarte del club, aunque ello no haya influido en mi rechazo a Montanier.

En su contra diré que en ocasiones no me han gustado sus formas, rayando incluso la provocación o la chulería de cara a la afición. Tampoco me gustó el protagonismo de Elustondo y Markel el año pasado, privándonos de soñar antes, ni su terquedad en no ver que esa dupla no sólo no nos daba solidez en el centro del campo si no que incidía negativamente en nuestra capacidad de competir. No me gusta que insista en que nada ha cambiado cuando es evidente el salto de calidad que el equipo y él mismo han dado en este año y medio en el que le hemos visto cambiar de planteamiento, de jugadores imprescindibles e incluso su capacidad de leer los partidos. Y tampoco me gusta que no haya comunión entre entrenador y afición.

En su defensa diré que me agrada ver cómo ha crecido como entrenador Montanier desde que llegó a la Real Sociedad. Podría decirse que es imperdonable que hayamos tardado más de un mes en ver a Illarramendi, pulmón de este equipo, asentado como verdadero cerebro en el terreno de juego. Pero, afortunadamente, el míster ya lo ha visto. Me gusta ver cómo ha aprendido a leer los partidos y sus circunstancias. Me gusta cómo juega la Real Sociedad. Y me gusta, por encima de todo, la unidad, el grupo sólido y unido en el que se ha convertido esta plantilla. Porque cuando no lo hemos sido -y no lo éramos la temporada pasada cuando, en mi opinión, a la propia plantilla le costó encontrar el feeling con el entrenador-, es cuando hemos fracasado. Y quiero creer que en esto, algo tendrá que ver Montanier.

Puede que todo esto dé igual. Puede que, ahora, la renovación esté en el tejado de Montanier y lo que queramos u opinemos ya no importe. Yo sólo sé que a día de hoy no me vería mal la renovación del míster. Aún cuando hay cosas que no me gustan nada de él. No deja de ser curioso...


viernes, 8 de marzo de 2013

RECUERDOS EN BLANCO Y AZUL

Javi De Pedro centra y ¡gol de Darko Kovacevic! Estoy segura de que esa frase evocará muchos y dispares recuerdos a los aficionados realistas. Yo crecí con una Real que marcaba así. La alianza del ´10´ con Darko era letal y esos goles eran “marca de la casa”.

Confieso que padezco memoria selectiva. Y recalco lo de padecer porque en lo de “selectiva” es muy imprevisible y aleatoria. Si queréis conocer algún resultado en concreto de la Real Sociedad, de temporadas pasadas o de ésta, no recurráis nunca a mí: Salvo que el partido -por alguna circunstancia concreta- deje huella en mí, enseguida olvido qué hicimos en la ida ante el Betis, o cómo terminó el primer partido jugado en Anoeta de la temporada, por ejemplo. ¡Benditos móviles con 3G!

Afortunadamente hay partidos que no se han podido borrar de mi memoria. Bien sea porque fuera una goleada épica, por una actuación arbitral indignante, por algún gol inolvidable, o porque haya supuesto una humillación, etc.

La semana pasada rondó por mi cabeza uno de esos goles “marca de la casa” de los que antes os hablaba. La visita del Betis siempre me recuerda al partido ante los andaluces en Anoeta del año del subcampeonato, uno de los mejores que vivimos en aquella inolvidable temporada (y fueron varios): intensidad, igualdad, remontada, goles, etc.... Y es que también en aquella ocasión comenzamos perdiendo 0-2 y acabamos dándole la vuelta al marcador. De hecho, el resultado del encuentro fue idéntico al de este domingo. Y para mí es imposible olvidar aquel centro de Javi De Pedro, que acababa de saltar al terreno de juego, y aquel golazo de Darko Kovacevic.

También es cierto que cada vez que viene a mi memoria aquel partido, asocio ese recuerdo al encuentro de la segunda vuelta de aquella Liga, en Sevilla. Y me acuerdo de Dani, de sus antepasados, de aquel penalti y del maldito punto que nos faltó para hacer realidad aquel sueño. Aunque eso ya es otra historia.

No tengo la menor duda de que el partido que vivimos este último fin de semana en Anoeta se quedará grabado en mi particular memoria. Fue una auténtica gozada ver cómo la Real Sociedad no se vino abajo con un marcador adverso y cómo el Betis no dejó que le afectara psicológicamente haber echado a perder una ventaja de dos goles. Acostumbrados como estamos últimamente a partidos en los que nuestro equipo domina la posesión del balón, es de agradecer ver un partido con tanta intensidad, tanta alternativa en el juego y con mucha más velocidad de lo habitual.

Esperemos que el de este domingo en el Calderón sea otro de esos partidos que la afición no quiere ni puede olvidar, en un escenario donde, precisamente, nuestros recuerdos no son buenos.


miércoles, 6 de marzo de 2013

DE FINALES Y OTROS TÓPICOS


Que el fútbol está lleno de tópicos no es nada nuevo. Lo pudimos corroborar la semana pasada en la que nos vimos inmersos en la vorágine de los hasta hace no mucho conocidos como “partidos de siglo”, rebautizados ahora como “clásicos”.

Otro de los tópicos típicos de este mundillo es el de acuñar el término “final” para aquellos encuentros que, a priori, se consideran vitales para el devenir de un equipo. Esto se ha extendido tanto que en la Liga, competición donde la principal baza es la regularidad, un mismo equipo puede jugar infinitas finales. Lo curioso de este tema es que incluso perdiendo esos encuentros tan importantes, los equipos siempre (o casi siempre) consiguen abrir la ventana a otra nueva final una semana después.

De este tipo de partidos sabemos mucho en la familia txuriurdin. Inolvidable aquella final ante el Osasuna que nos sentenció. Pese a todo, la esperanza, cruel compañera, nos hizo creer que estábamos ante la verdadera final días después con aquel penalti de Savio. Incluso habría quien creería que el encuentro de Valencia era la auténtica final, en vez de el final.

En Segunda tampoco nos libramos de esas finales. En Gasteiz emulamos al Bayern sólo que mientras aquellos dejaban escapar la Champions, nosotros nos condenábamos a un nuevo año en segunda. Nos costó un par de años más jugar otro encuentro de tal envergadura y celebrar, en Cádiz, que esta vez lo habíamos logrado.

El regreso a Primera División no significó el olvido de las dichosas finales. Hubo que luchar por mantenerse, primero con Lasarte (cómo olvidar aquel último partido en casa ante el Getafe y esa vieja tradición del transistor), y después con Montanier.

Pero en Donosti hay dos tipos de finales. Las que son determinantes por lo que suponen cuantitativamente y las que son vitales por lo que significan cualitativamente. Que si lo traducimos viene a querer decir algo así como un punto de inflexión, dar un paso adelante. Nos gusta mucho situarle al equipo ante esa tesitura, aunque no siempre nos salga bien. Pero, lo positivo de esta historia es que esas finales se han jugado tan pronto este año que, reconduciendo la marcha siete días después el equipo lograba enmendar el error. Y pasito a pasito, seria pero atrevida, la Real Sociedad ha llegado al mismo punto al que le exigíamos llegar en esas finales.

Firme aspirante a Europa el equipo atraviesa ahora una racha positiva. Porque no hay duda que esto del fútbol es un mundo de tópicos, y de rachas. Y que aún nos quedan unas cuántas finales más por jugar si queremos viajar por Europa el próximo año.


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